Sumá tu frase

La palabra que construye

Hablamos todo el día, casi sin pensar en el efecto que tiene lo que decimos —o en lo que dejamos sin decir. La palabra es tan cotidiana que se nos vuelve invisible, y sin embargo es una de las herramientas más potentes que tenemos: con ella pedimos, aclaramos, reconocemos, a veces lastimamos, y también reparamos.

Hay una diferencia linda entre la palabra hablada y la escrita. La hablada es del momento: lleva el tono, la mirada, el gesto —dice tanto por cómo se dice como por lo que dice. Se va rápido, pero deja huella. La escrita, en cambio, se queda: se puede releer, guardar, volver a ella. Y justamente porque se queda, pide otro cuidado. Escribir nos da algo que la conversación apurada no siempre ofrece: el tiempo de elegir la palabra.

Porque de eso se trata muchas veces: de elegir. Las palabras que elegimos construyen —o desgastan. La misma idea dicha de dos maneras distintas puede abrir una conversación o cerrarla. Y no se trata de encontrar la palabra perfecta: muchas veces lo que más ordena es animarse a decir algo a tiempo, antes de que se acumule.

Escuchar también es parte de esto. La palabra no vive sola: necesita a alguien del otro lado que la reciba sin apurar la respuesta. A veces el gesto más grande no es hablar, sino hacer lugar para que el otro hable.

No hace falta responder esto acá si no quieren —son preguntas para pensar: ¿Qué les cuesta más, decir las cosas o escribirlas? ¿Hay algo que vienen dejando sin decir, esperando el momento justo? Cuando eligen cómo decir algo, ¿piensan en cómo va a llegar del otro lado?

Estos días van a ver circular por la empresa unas tarjetas sobre esto mismo, con una invitación a sumar su propia frase al mazo. Esto es el otro lado de esa idea: un lugar para escribirla un poco más largo, si les dan ganas. La palabra, dicha o escrita, siempre suma cuando se elige con cuidado.

— Silvia

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