Cómo tener una conversación difícil

Psicología del trabajo

Hay una charla que venís posponiendo. La ensayás en la ducha, la armás mentalmente antes de dormir, y al otro día la volvés a dejar para más adelante. Todos tenemos una. Con un jefe, con un hijo, con la persona con la que vivimos, con un compañero.

Posponerla no es cobardía. Es que confundimos dos cosas que no son lo mismo: tener una conversación difícil y tener un conflicto.

Un conflicto es algo que querés ganar. Una conversación difícil es algo verdadero que querés decir sin romper el vínculo con quien lo escucha. Cuando dejás de pensar “cómo hago para que me dé la razón” y empezás a pensar “qué necesito que esta persona sepa”, la mitad del miedo se va. Ya no hay nada que ganar: hay algo que decir.

Tres cosas ayudan, y ninguna es un truco.

01

Sabé qué querés decir antes de entrar.

Una sola idea, clara. Si no la podés decir en una frase, todavía no la tenés lista.

02

Hablá de lo que ves y sentís, no de lo que el otro es.

“Me quedé preocupada cuando pasó esto” abre una puerta. “Vos siempre hacés lo mismo” la cierra.

03

Bancá el silencio.

Después de decir algo importante, callate. La otra persona necesita un momento.

Ese silencio incómodo no es que salió mal: es que algo está pasando.

No vas a salir siendo un experto por leer esto. Pero la próxima vez que ensayes esa charla en la ducha, capaz en lugar de posponerla, la tengas.

Lic. Silvia Muñiz — Psicología del trabajo

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